El “apoliticismos” es una creación maquiavélica de las elites para mantener el statu quo, la omisión es generalmente funcional a la mantención del estado de las cosas.  

Iván Rodríguez

Analista

El eje imaginario en torno al cual la tierra gira en su movimiento de rotación, parece  padecer una quietud perpetua, pero su variable cíclica ocurre cada 2.767 años y se denomina precesión de los equinoccios, a pesar de ser imperceptible a nuestros sentidos la danza invisible del universo con su paso cadencioso no da tregua, el movimiento y las transformaciones  son perennes e inherentes a la evolución.   La política también tiene su eje imaginario sobre el que se producen los movimientos, éstos son más dinámico, van y vienen, presentan flujos y reflujos y su intensidad está determinada fundamentalmente por la energía transformadora que produce la subjetividad (la conciencia, la organización y la voluntad) en ella intervienen además los sentimientos, las vivencias, los intereses particulares y colectivos de las personas.  Cuando la subjetividad converge en una línea horizontal con las condiciones objetiva de la realidad económica, social y política del tiempo histórico, permite romper la inercia, entrar en un movimiento virtuoso y producir la inclinación del eje imaginario sobre el que gira la política, construyendo una nueva realidad.

La omnipresencia de la política en el quehacer cotidiano de las personas es interrumpible,  en cualquiera de sus dos acepciones, sea esta aplicada como Ciencia o entendida como un Arte, a pesar del esfuerzo estéril de las elites por secuestrarla e intentar convertirla en una actividad de “iluminados” y de “elegidos” (ambas concepciones mesiánicas superadas por la Revolución Francesa), solo cambia su intensidad y si bien nuestro contrato social implica ceder soberanía a los representantes, ésta en última instancia radica en el pueblo o sea en nosotros.

La política es inherente al desarrollo y a la vida en común de la humanidad, en ella se interviene de forma directa por la vía de la acción y de forma indirecta  por la vía de la omisión, dicho de otra forma, voluntaria o involuntariamente somos responsables de lo que pasa o  deja de pasar con nosotros y nuestro entorno.  El “apoliticismos” es una creación maquiavélica de las elites para mantener el statu quo, la omisión es generalmente funcional a la mantención del estado de las cosas.

Como especie, colectiva e individualmente constituimos entidad, no solo existimos sino que además somos, en consecuencia estamos interpelados permanentemente a definir hacia qué lado se inclina el eje imaginario de la política, este axioma que se manifiesta en la praxis cotidiana está determinado por la voluntad y la fuerza  que seamos capases de construir en el espacio físico y temporal que vivimos y habitamos y cuando se colectiviza, cuando se adquiere sentido de pertenencia, cuando la idea hace síntesis en los movimientos sociales y políticos, cuando la consigna baja del pedestal imaginario a la vorágine secular del hacer cotidiano, cuando se construye a partir de la realidad concreta, cuando se articulan la correlaciones necesarias y favorables es posible, muy posible producir los cambios estructurales inherentes al buen vivir.

En nuestros tiempos, en el Chile actual, estos procesos requieren de la unidad en la diversidad, de la generosidad política y de la flexibilidad táctica para hacer cuajar los intereses y demandas de las mayorías desprovistas de derechos y por esta vía alcanzar estadios superiores de convivencia, en consecuencia no es baladí votar, ni menos por quien votar.