Los preparativos para la llegada de Irma al continente fueron realmente vergonzosos. Una vez más las frases comunes, titubeos y afirmaciones extemporáneas, campearon en cada emisión.

José Luis Córdova

Resultó verdaderamente penosa la situación desatada por los canales de televisión en nuestro país “produciendo” la inminente transmisión “en vivo y en directo” del paso del huracán Irma por el Caribe, como si se tratara de la visita de un rockstar. De otra manera no se explica cómo las estaciones criollas no trepidaron en gastos para enviar equipos técnicos y reporteros hasta Miami a la espera del fenómeno climático con una morbosidad que cada vez se hace más habitual entre nosotros.

En las horas previas, las estaciones de TV se coordinaron con personajes como Gianfranco Petaccia, Cristian de la Fuente y otros, enviaron periodistas como José Luis Reppening y otros, para cubrir los “preparativos”, mientras la gente huía despavorida de la península de Florida.

Aunque el escenario más probable se trasladó inesperadamente desde Orlando y Miami -más al oeste-  Tampa y Naples no alcanzaron a ser cubiertos por nuestros ágiles periodistas y se limitaron a contactos telefónicos, por Skype, y otros medios ante la inminencia del paso de Irma, que engañó a los meteorólogos más avezados.

Con todo, el huracán también engañó a los comunicadores chilenos porque luego del funesto paso por las islas Vírgenes y paraísos fiscales, para arrasar Haití, República Dominicana y Cuba, para los canales de TV, el “plato fuerte” sin ambages, era Florida, como si se tratara de una joya histórica y arquitectónica (¿). En verdad los 40 muertos anteriores sólo fueron una estadística.

Los preparativos para la llegada de Irma al continente fueron realmente vergonzosos. Una vez más las frases comunes, las reiteraciones, titubeos y afirmaciones extemporáneas, campearon como siempre en cada emisión en directo. Afortunadamente, por fin, Irma bajó de categoría 5 –cuando pasó por la sufrida Habana- a categoría 3 en Florida y por el costado oeste de la península.

Las autoridades norteamericanas se equivocaron también despejando y trasladando a millones de habitantes de Miami, Orlando y otras localidades, aislando Miami Beach y cerrando sus puentes, mientras el fenómeno climático se desplazada a sus anchas hacia otros sectores del Caribe, aunque con menos fuerza, afortunadamente.

No lo sabemos con certeza, pero los productores de televisión deben estar lamentándose del costo monetario y en personal desplazado que les costó la fallida transmisión de una catástrofe anunciada que, al final, no fue como ellos lo esperaban: un festín de rating. La suspensión de programas habituales del domingo por la mañana y otros cambios de programación y turnos para los “rostros” costaron dinero y es lo que más sienten los canales, sin importarles las víctimas humanas de un desastre lamentable.