La economía chilena depende de trasnacionales, poderosos bancos extranjeros y entidades financieras foráneas, y de acuerdos de libre comercio.

Mireya Montes. Periodista. Hace más de 200 años que Chile dio los pasos -en un proceso complejo, matizado- para constituirse en nación, junto a muchos otros países que en ese periodo corrían por el mismo camino. Eso suponía haber logrado la independencia, es decir, que Chile ya no dependía de fuerza alguna.

A estas alturas, más allá de retóricas patrioteras o deseos de quedarse pegados en los tiempos, es claro que hay una situación de independencia relativa del país.

Lo primero tiene que ver con la economía y ligado a ello el uso de los recursos naturales existentes en territorio chileno. Ya Salvador Allende sostuvo que ahí radicaba una especie de segunda independencia: la económica. En realidad, ningún país, ninguna estructura societal, ni siquiera una familia, es realmente independiente si está sometida a la dependencia en materia económica, porque allí radica gran parte de su subsistencia.

Hoy Chile con un modelo extractivista y con sus riquezas naturales en manos de grandes consorcios, vive una situación de trasnacionalización de sus finanzas y sus recursos. Los minerales que están en su territorio, que debe ser soberano, son explotados por grandes compañías extranjeras y unas pocas chilenas asociadas con extranjeros.

Grupos financieros trasnacionales se llevan los principales y estratégicos minerales chilenos y abultan su riqueza en dinero, mientras que el país se priva de usar -incluso con ventajas comparativas- esos productos y ve disminuido sustancialmente su ingreso financiero que se va a otras manos.

La economía chilena depende, además, en otros ámbitos, de trasnacionales, poderosos bancos extranjeros y entidades financieras foráneas, y de acuerdos de libre comercio, que le generan condiciones, ataduras, dependencias y obligaciones que muchas veces afectan decisiones independientes y en beneficio de la población, priorizando por satisfacer a esos sectores y a los consorcios y grupos monopólicos financieros del país.

Por ello hoy se sostiene, entre otras cosas, la necesidad de renacionalizar el cobre y dejar en manos del Estado chileno la producción del litio, algo que, innegablemente, contribuiría a la soberanía económica del país.

También el avanzar en acuerdos comerciales basados en la cooperación e integración, priorizando por naciones latinoamericanas y abriendo mercados a países que no desarrollan políticas dominantes y trasnacionalizadoras.

En esto hay que decir que, en efecto, el mundo vive hace rato un proceso globalizador que, por sí solo, no significa beneficios para países como Chile. Hay una globalización hegemonizada por potencias y por consorcios trasnacionales (financieros, mineros, comerciales) donde se le asignan papeles dependientes y de alimentadores de materias primas a naciones subdesarrolladas o pobres. Un país independiente debe bregar por una globalización basada en la colaboración, el intercambio simétrico, la integración e incluso la solidaridad entre países.

En las relaciones o caminos de soberanía entra también el ámbito de relacionamiento entre las naciones. Un país independiente, debe tener la capacidad de entenderse y relacionarse de manera soberana con sus pares, a todo nivel. Respetar la independencia de los otros y exigir respeto a la independencia propia.

Hoy, la correlación de fuerzas a nivel gubernamental, la proliferación armamentista -que siguió pese al fin de la Guerra Fría para entrar en la Paz Caliente-, las políticas de corte imperial y hegemónico, las condiciones de presiones de potencias extranjeras, y tesis como la lucha contra el terrorismo o la defensa de la seguridad nacional de esas potencias, no posibilitan que países como Chile actúen realmente de manera independiente en el escenario mundial.

De alguna manera, la independencia política y la soberanía real de Chile, está amenazada sino relativizada en estos tiempos.

Todos factores que deben considerarse en la implementación de políticas internas y en la consolidación permanente de una nación independiente.