Es reparación histórica y moral porque tiene que ver con el Nunca Más, y  asegurar que no se repitan estos crímenes de lesa humanidad.

Alicia Lira

Presidenta AFEP

Este 11 de septiembre se cumplen 44 años del golpe de Estado cívico-militar que derrocó al Gobierno legítimo del Presidente Salvador Allende, para detener el proceso de  profundas transformaciones que se implementaba junto al pueblo y los trabajadores.

Han pasado 44 años desde la traición a la patria de parte de las FFAA y de Orden. Los cómplices de la derecha política y económica fueron gestores y ejecutores de la asonada golpista, financiados y apoyados por el Gobierno de los Estados Unidos.

Desde ese día se dio inicio a sistemáticas violaciones a los derechos humanos. En ese contexto, la Dirección Nacional de Inteligencia (DINA), dirigida por Manuel Contreras, instala lugares secretos de detención donde llevaban a sus víctimas que secuestraban, torturaban y asesinaban.

Que las generaciones venideras sepan lo que fue  el Gobierno de la Unidad Popular con el Presidente Salvador Allende y sus 40 medidas que se implementaban junto a los trabajadores, es algo imprescindible. Que se sepa que se nacionalizó el cobre, se dio medio litro de leche para todos los niños del país, se garantizó la educación gratuita, el acceso a la cultura, a la salud. Decir Víctor Jara, Violeta Parra, habla de la creatividad que era parte de nuestra vida. Cómo olvidar la reforma agraria, donde el campesino recupera la dignidad trabajando su propia tierra y cómo se hacía crecer al país con justicia social. Cómo el Presidente Allende llegaba con el Tren de la Salud, el Tren de la Cultura a distintas ciudades de nuestra patria.

La memoria tiene que ver también con recuperar los derechos usurpados que a través de décadas en lucha de los sindicatos se habían ganado, y que con el Plan Laboral dictatorial se les arrebataron a los trabajadores todos esos beneficios ganados. A los trabajadores los despojaron de sus derechos.

Reconstruir la Memoria es parte de saber la verdad total y lograr la justicia plena, es saber que existió un lugar llamado Cuartel Simón Bolívar, que fue el único hasta hoy que se conoce como casa de exterminio donde todo prisionero que llegó fue torturado hasta la muerte y después arrojado al mar. Es el caso conmovedor de Marta Ugarte Román, cuyo cuerpo sale del mar como para denunciar el crimen. Hay que hablar de esos lugares instalados como parte de la cultura del terror y la muerte, esas casas de secuestros y torturas por donde pasaron cientos de mujeres y hombres que aún están en calidad de desaparecidos. Para ello es imperativo que los miembros de las FFAA y de Orden autores de esos delitos, y los civiles cómplices responsables de esos crímenes de violaciones de derechos humanos,  no queden impunes y sean sancionados por la justicia.

La relevancia histórica que tiene recuperar y preservar los lugares de exterminio de chilenos y chilenas -hoy declarado Sitios de Memoria-, es que los sobrevivientes y los familiares seguirán estando en el futuro para testimoniar lo que ocurrió en Chile. Estos sitios transformados en vida, cultura, esperanza y alegrías nos recordarán que siempre hay que respetar los derechos de las personas, para que jamás la historia se repita.

Memoria histórica es la lucha que dieron las heroicas mujeres que mantenían la Ollas Comunes en las poblaciones más perseguidas. Era su forma de resistir y solidarizar con  los  niños y familias que no tenían que comer.

La Memoria es reparación histórica y moral porque tiene que ver con el Nunca Más, y  asegurar que no se repitan estos crímenes de lesa humanidad.