Desde 1995, Freedom House desarrolla contra el Gobierno cubano programas de propaganda, desestabilización política y financiamiento a la llamada “disidencia”.

José Manzaneda

Analista

Grandes medios internacionales siguen apuntando a que el Gobierno de Cuba obstaculiza el desarrollo de Internet por “temor a la libertad de información” . Un argumento que cada día se sostiene menos.

Repasemos: en el último año el uso de las redes sociales en la Isla aumentó un 346%; en los dos últimos años el número de puntos colectivos de navegación pasó de 155 a mil seis, entre salas cerradas y zonas wifi; se duplicó el ancho de banda internacional; y lo más importante, el conjunto de personas usuarias aumentó un 50%, pasando de tres millones en 2014 a 4,5 en 2016.

A pesar de que, con un 40% de población usuaria, aún sigue a la zaga en la región, y de que los precios de conexión continúan siendo muy elevados, Cuba es -al día de hoy- el país de su entorno con más rápido crecimiento en el acceso a Internet.

Se está desarrollando, en varias provincias del país, un proceso de apertura de líneas de Internet para los hogares, hasta ahora reservadas a ciertas profesiones. Y convenios con transnacionales de Estados Unidos, como Google, gracias a excepciones al bloqueo aprobadas por la Casa Blanca, han mejorado la velocidad de descarga de contenidos.

No parece que esto corresponda, precisamente, a la estrategia de un Estado que limita, censura o teme a Internet, tal como siguen repitiéndonos los medios, cuya fuente informativa principal son los informes de la llamada Freedom House.

Freedom House es definida por medios como la agencia EFE como una “organización internacional no gubernamental que promueve las libertades y la democracia en el mundo”. Curiosa “ONG internacional”, que es sostenida en un 80% con fondos del Gobierno de EEUU y que, desde 1941, es parte del aparato de inteligencia y propaganda del Departamento de Estado, el Pentágono y la CIA. Freedom House, de hecho, fue presidida durante años por James Woolsey, ex director de la Agencia Central de Inteligencia.

Desde 1995, Freedom House desarrolla contra el Gobierno cubano programas de propaganda, desestabilización política y financiamiento a la llamada “disidencia”, con fondos del Departamento de Estado, la NED y la USAID, todas entidades dependientes de la Casa Blanca. Actualmente, el foco de Freedom House está puesto sobre Venezuela. No por casualidad  otorgaba su último premio “Libertad” a Luis Almagro, Secretario General de la OEA y uno de los artífices del actual cerco político internacional al Gobierno de Nicolás Maduro.

Que las pruebas de CNN o El País para acusar a Cuba o Venezuela sean los informes de esta tapadera de la CIA debería ser motivo de reflexión sobre la conexión, cada día menos velada, entre los grandes centros de poder político y sus voceros mediáticos.