Proyecto surgido de la cooperación con el Circo Du Soleil para trabajar con niñas y niños de la calle, vulnerables. Labor con liceos y fundaciones.

Nelly Carrasco G. Santiago. Se viene septiembre con su primavera y sus circos que nos tienen acostumbrados a sus espectáculos llenos de coloridos, trapecios, malabares, y risas. La actividad circense tiene miles de historias ligadas a la vida en carpas que itineran a lo largo de nuestra loca geografía; hasta Violeta Parra instaló una rutina religiosa en un circo cuando su inquieta vida de creadora la llevó a experimentar esa vivencia.

Hay circos y circos. Este circo, es otro tipo de circo. Uno que nació en 1995 bajo el alero de la ONG El Canelo de Nos en un proyecto de cooperación internacional con Circo Du Soleil y una agencia canadiense. Es el Circo del Mundo.

Los inicios

El Siglo conversa con Alejandra Jiménez que encabeza esta iniciativa: “Cuando se terminó la escuela de teatro, se propone un nuevo proyecto de continuidad, pero ya con el Circo Du Soleil y con el fin de trabajar con niños de la calle, proyecto que se hacía en Brasil y querían replicarlo en Chile”.

Cuenta: “Convocaron a varios artistas, yo había egresado de Teatro con un espectáculo ligado al circo, se ubicó a artistas que estaban trabajando en la obra Las Siete Vidas del Tony Caluga y estaba el movimiento del Parque Forestal. Nos pusimos a trabajar en un primer taller con asesoría de un canadiense del Circo Du Soleil. El proyecto obligaba a replicar en niños de situación de calle o pobreza las propuestas presentadas individualmente que era la segunda etapa de trabajo”.

“El Canelo de Nos era una ONG ambiental -indica Alejandra- por tanto no tenía una red adecuada a nuestros fines (niños en situación de calle o pobreza). El primer acercamiento a esa red de niños en situación de riesgo la logramos a través del entonces director del SENAME, Marcelo Zapata, a quien fuimos a contarle del proyecto y decirle que estábamos dispuestos a trabajar gratuitamente. Partimos en 10 de centros abiertos diurnos de la institución”.

Circo social

Un encuentro a fines del 95, que llamaron Primer Encuentro del Circo Social, origina el objetivo definitivo del Circo del Mundo y también su nombre. Alejandra Jiménez explica:

“A ese encuentro llegaron cerca de 200 niños con los cuales habíamos trabajado durante seis meses. Nos dimos cuenta que teníamos una herramienta poderosa, una herramienta de transformación, de cambio. Lo más bonito de esto es que muchos de esos niños hoy son colegas.

“El Circo del Mundo tiene tres áreas de trabajo, una social con varios programas. En los últimos 5 años ha trabajado en la educación en 8 liceos técnicos de comunas vulnerables con alrededor de 450 a 500 niños de enseñanza básica y media por año.

“Otra área se dedica a mejorar habilidades socio emocionales para mejorar capacidades, lo bautizamos proyecto Cuerda Fina y se realiza con colegas de Argentina y Perú. Este proyecto que se ejecuta en liceos técnicos (ocho), se imparte como ramo curricular, situación inédita en colegios públicos. Entre sus objetivos está desarrollar el trabajo en equipo y adquirir disciplina y métodos de trabajo, que sirve para sus prácticas profesionales. Este proyecto tiene 4 años de ejecución y está en un convenio con el Ministerio de Educación y con el Consejo de la Cultura. Las estadísticas dicen que el 85% de los jóvenes que pasan por este curso terminan exitosamente sus prácticas profesionales y esto pasa porque el circo tiene que ver con los desafíos. Cuando te enfrentas al trapecio o a la cuerda floja y vences ese miedo, terminar tu escolaridad o tu práctica profesional es nada.

“El proyecto funciona también directamente con colegios y fundaciones (Hogar de Cristo, María Ayuda) que lo soliciten. Cerca de un millón de personas han pasado por estos programas, todos de distintos sectores de Santiago. El Circo tiene diversas metodologías acordes a las necesidades que tiene el país porque las vulnerabilidades no son solo económicas y sociales.

Inédito en Chile

“No se registra en Chile una experiencia como ésta, lo que convierte al Circo del Mundo en una organización que se forma para contribuir de manera inédita, junto con el Estado, para ayudar a resolver aquellas deficiencias que no se registran estadísticamente como interés nacional, pero, que existen y son una traba para el desarrollo integral de los seres humanos”, sostiene Alejandra.

“Trabajamos de la mano con políticas públicas como políticas juveniles, acompañamos el camino para el Ministerio de las Culturas, la Ley de Artes escénicas. En todas esas iniciativas hemos cooperado y aportado.

“Recientemente han sumado la formación de artistas para el circo tradicional (Circo Comunal Escénico), ya hemos hecho dos espectáculos profesionales, hemos girado por las regiones de Chile, también hemos salido del país para participar en festivales siendo embajadores de este nuevo arte. De nuestra escuela profesional han egresado siete generaciones, 42 artistas que viven de su arte. Un artista que egresa del Circo del Mundo puede hacer un tremendo espectáculo en cualquier pista o escenario tanto en Chile como en el extranjero; nuestros egresados son excelentes profesores también”.

La Academia de Bellas Artes los distinguió con el Premio Agustín Sire. ¿Qué valor tiene para ustedes? Alejandra Jiménez manifiesta que “fue una sorpresa absoluta y vino acompañada de una anécdota cómica: el aviso me llegó el día de los inocentes y pensé que era una broma. En la carta explicaban que el premio era en reconocimiento a la academia, a nuestros objetivos, al fortalecimiento del sector, a la difusión, a la promoción, al trabajo social desarrollado. Lo que más me gusta de esta distinción es el reconocimiento que se hace al sector y que la Academia de Bellas Artes abre su mirada a algo que ya no es de elite. Eso habla de un cambio importante, se está entendiendo el arte desde otra perspectiva y eso es muy bueno para el país, para los artistas, para el sector de las artes escénicas y muy bueno para el sector del Nuevo Circo”.