Insisto desde esta columna en el descriterio permanente de los noticiarios de televisión que se inician con hechos de sangre.

José Luis Córdova

Periodista

A riesgo de parecer repetitivo, tal vez demasiado sensible y hasta pacato, insisto desde esta columna en el descriterio permanente de los noticiarios de televisión que se inician con hechos de sangre, asaltos, “portonazos” y otras acciones delictuales que hoy, en el hampa, aparecen como condecoraciones para sus participantes. Salir en televisión es un mérito para los cabecillas y menores integrantes de estas bandas.

Pero no sería lo único preocupante al respecto. La selección de informaciones parte con sucesos violentos, sigue con casos sociales, turismo extremo, gastronomía y otras nimiedades que ocupan dos tercios del espacio en los informativos centrales de todos los canales.

Las verdaderas noticias, de carácter político, social, cultural quedan relegadas a un par de minutos al prácticamente al finalizar las ediciones.

Merece la pena destacar que la televisión española desplegó esfuerzos para solicitar que los canales mantuvieran la sobriedad, sin mostrar imágenes truculentas durante el atentado terrorista en Barcelona “para no ofender a los familiares de víctimas”, ni a los televidentes sin morbo, habría que agregar.  

Como si todo esto fuera poco, la parrilla programática continúa con series estadounidenses que también hacen gala de violencia, sangre, carreras de autos, agresiones a mujeres, torturas y muerte de protagonistas, como si fueran moscas. Las agresiones parecen formas habituales, en la convivencia social. No hay otras formas de resolver conflictos.

Venganzas, secuestros, maltrato y violencia verbal, sicológica y física parecen actitudes humanas normales. Si aparecen en la tele, es porque existen, dice la gente, porque lamentablemente todavía la teleaudiencia cree que todo lo que le muestran es verdad.

En el último tiempo se ha acuñado el término de “pos verdad” -que realmente es una mentira, un engaño organizado- sobre todo a través de las nunca bien ponderadas redes sociales. La televisión ha entregado importantes espacios a esta práctica. Hay que creer todo lo que se muestra de Venezuela, Corea del Norte y otras latitudes más lejanas. Nadie es capaz de desmentirlo o mostrar otras verdades. No porque no existan.

Lo que está claro, es que ciertas productoras de espacios televisivos y las agencias de publicidad más poderosas exigen violencia, muertes, accidentes, delitos, porque supuestamente estos “productos” venden y seducen a los televidentes. A no lamentarse más tarde.