Patricio Escobar, director de Sociología de la UAHC, abordó el tema del abuso como parte de la realidad de la sociedad chilena.

Patricia Schüller. Periodista. Si nos atenemos a la definición literal de abuso, este consiste en la inflexión de daño tanto físico como psicológico de una persona a otra, o de una autoridad a un subordinado. Si hurgamos en la historia de Chile observamos que el fenómeno de alguna manera está enraizado en nuestra sociedad y se ha cernido a lo largo del tiempo como una sombra sobre los ciudadanos.

Basta observar el abuso de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), de las  Isapres, de las grandes empresas de agua y electricidad, de la Iglesia Católica con niños y adolescentes, la colusión de grandes conglomerados empresariales que han afectado a los usuarios, por nombrar algunos. La lista se torna interminable. Los chilenos pareciera que tienen internalizada la premisa de que siempre saldrán perjudicados.

Patricio Escobar, director de la Escuela de Sociología de la Universidad Academia Humanismo Cristiano (UAHC), al analizar el fenómeno en entrevista con El Siglo, remarca que lo sucede en el país no es tan distinto a lo que ocurre en otras naciones.

“Todas las sociedades están sujetas a distintos tipos de contradicciones que nacen generalmente de situaciones de injusticia, autoritarismo y asimetría de poder. En distintos momentos y diferentes lugares se pueden encontrar estas condiciones. Por lo tanto, esto no es nuevo y tampoco una particularidad de Chile”, apunta.

“Lo que se sí se ha observado en los últimos años -remarca- es que en nuestro país y en el mundo se ha comenzado a ser menos permisivo con las actitudes abusivas  en los ámbitos del mercado, de la sociedad, de los grupos sociales y entre los mismos pares”.

Esto a su vez ha incidido en que se torne más visible todavía el abuso, señala.  “No se trata de que la sociedad haya desarrollado mecanismos que profundicen  escenarios de injusticia. Lo que ha sucedido es que las personas se han vuelto menos proclives a aceptar estas condiciones”, recalca el sociólogo.

“Si uno pensara, por ejemplo, en lo que ocurre a nivel de mercado, indudablemente siempre hemos tenido situaciones de colusión en las cuales las grandes empresas, que tienen carácter monopólico, abusan de sus competidores, de sus clientes, pero hoy día cada uno de estos episodios provoca rechazo social, una cierta disposición a no permitirlo o a lo menos de denunciarlo”, subraya.

¿Diría que Chile condiciona las situaciones de abuso? ¿Esto tiene que ver quizás en que vivimos durante 17 años una dictadura con represión? Tal vez una parte de la ciudadanía se acostumbró a vivir más amedrentada, porque en el abuso también impera el miedo.

No creo que en un par de generaciones después de la dictadura todavía exista algo de temor. Lo que sí pienso es que persiste una sensación de impunidad entre aquellos que abusan. La impunidad en la violación de derechos humanos, por ejemplo. Esa sensación de que finalmente era posible transgredir, de una u otra manera, las normas de convivencia se trasladó hacia las relaciones comerciales, productivas, sociales. Entonces esto se alimentó, periodo tras periodo, dando lugar a esta sensación de que era posible transgredir y no pasaba nada; era posible coludirse y no pasaba nada; era posible estafar, burlar las normas y regulaciones y no pasaba nada.

Patricio Escobar reflexiona respecto al cambio que se ha observado en Chile en el último tiempo respecto a sancionar los abusos en algunos ámbitos, como el del mercado, por ejemplo. “Lo que hemos visto en los últimos tres años es que por primera vez se está llevando a los tribunales y están sufriendo penas aflictivas aquellos que transgreden las normas en este campo que parecía impune. No así en la justicia penal, los delitos comunes y corrientes. Se ha abierto entonces un escenario distinto donde comenzamos como sociedad a dejar atrás la impunidad tradicional de los poderosos, de los que tenían la fuerza”.

¿En este sentido, se observa un brote de esperanza, se está abriendo un camino?

Todos los avances que hay en términos de regulación, de normas, imponen proyectos de mayor control a los ámbitos en los cuales se producen estas prácticas de abuso, de colusión; y van también en el sentido de asumir primero que son prácticas naturales dentro de los sistemas económicos. La economía de mercado conduce a la construcción de monopolio y cada vez que nos acercamos a figuras de monopolio o duopolio estamos frente a las puertas de un cuadro de abuso. Como sociedad cada vez vamos aceptando que convivimos con este tipo de fenómenos que son nocivos para nuestras relaciones sociales, pero al mismo tiempo que también somos capaces de ir poniendo límites e ir persiguiendo con más eficacia este tipo de prácticas.

Mirando las realidades de otras sociedades, ¿en qué pie estamos en relación al abuso?

Habría que dividirlo en varios ámbitos de transgresión que sufren las personas. El primero que para nosotros es importante y ha tenido impacto en los últimos años es el fenómeno de la corrupción. Chile es un país escasamente corrupto en la región. La percepción tanto de los extranjeros, inversionistas, de las instituciones multilaterales es que hay una tasa muy baja de corrupción. A nosotros nos parece importante, pero ni la magnitud de los dineros involucrados en las transgresiones, en los ámbitos que se desarrollan, son particularmente significativos en el contexto regional y tampoco en el mundial.

El sociólogo precisa que respecto a las denuncias, por ejemplo, de abusos sexuales o acoso la situación es distinta. “Ahí se produce una cierta paradoja, porque a medida que las sociedades se modernizan y progresan se incrementan las denuncias por abuso y la gravedad de estos. Si observamos la cantidad de femicidios que ocurren por el total de abusos denunciados en sociedades desarrolladas versus lo que sucede en Chile es mayor en las primeras (…) Esto se produce básicamente porque a medida que la sociedad se va desarrollando y modernizando, la mujer participa en una proporción mucho mayor en espacios públicos de decisión”.

“En una sociedad tradicional, en la que la mujer se encuentra radicada en lo privado, la violencia intrafamiliar, sin resultado de muerte, es suficiente mecanismo de control de los hombres sobre las mujeres. Cuando esta sale al mundo público, cuando alcanza niveles equivalentes o es validada frente al hombre, que supone escenarios de competencia mayor, la respuesta tiende a ser mucho más grave y encontramos la mayor incidencia de femicidios.  En ese escenario, nuestro país se encuentra en un incremento significativo de denuncias  que se acompañan con normas más estrictas. En la Ley de Acoso Sexual, por ejemplo, las instituciones cuentan con normativas internas para controlar este tipo de actitudes y ello se evidencia en que los hombres y mujeres se tornan menos permisivos con prácticas que tradicionalmente eran aceptadas y que se tomaban como parte del humor, la costumbre o de la idiosincracia”, describe.

Chile está ad portas de elecciones presidenciales. Los gobiernos que imperan también se relacionan con prácticas de abuso o mayores denuncias por este motivo.

Es un tema complejo. Si se observa  la historia, de modo inevitable se produce una relación directa entre la extensión de un régimen de Gobierno y la incidencia de la corrupción y los abusos. No tengo respuesta  para la pregunta de por qué razón gobiernos que se instalan en ciertas sociedades devienen en regímenes corruptos que profundizan las condiciones de abuso; probablemente en ello incidan las características inherentes al ser humano. Lo que sí podemos constatar, en términos de evidencia, es que a mayor duración de un Gobierno mayor es la incidencia de la corrupción. Y en este sentido, la experiencia que hemos tenido en América Latina es bien decidora. Estamos hablando de gobiernos progresistas que han generado grandes transformaciones, que han incrementado significativamente el bienestar de su sociedad, pero de alguna u otra forma han experimentado también formas de corrupción.

¿Soluciones?

¿Qué solución o enseñanza obtiene la sociedad? No lo tengo tan claro. En el mundo globalizado nos encontramos con situaciones difíciles de procesar  y comprender. ¿Cómo ciertos personajes pueden alcanzar el poder por vías democráticas? Estoy pensando en Donald Trump, en Estados Unidos; en la mayoría parlamentaria que desalojó el Gobierno del Partido de los Trabajadores en Brasil; en Mauricio Macri, en Argentina; en Sebastián Piñera, en Chile. Este último candidato, al igual que los otros señalados, ha tenido distintos conflictos con la ley. ¿Cómo es que la sociedad democrática acaba apoyándolos en un acto eleccionario? Tal vez sea este un alegato contra una democracia que es cada vez más presa de las transformaciones que se van dando a nivel global. Pero sí, paradójicamente, un tramo de la sociedad respalda opciones que tienen conflictos abiertos con las normas que la misma se ha dado.