Una “organización revolucionaria” hizo peculiar donación a las FLN, grupo que gestó el Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Gonzalo Magueda. Periodista. En Chile pocos conocen la existencia de las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN) de México, organización rebelde fundada el 6 de agosto de 1969. Y tampoco se sabe que de ella es la raíz del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) que hizo su aparición pública en 1994.

Precisamente en agosto, del 2002, antiguos insurgentes decidieron rescatar la historia del FLN y se creó un museo en la casa donde se iniciaran los pasos conspirativos y guerrilleros, en el norte mexicano. Nació “La Casa del Doctor Margil”, en honor al médico, y su señora, que dieran cobijo a los combatientes del FLN, en la localidad de Apodaca, en la ciudad de Monterrey.

El Subcomandante Marcos, enterado de la iniciativa, escribió una carta a uno de los fundadores y principales jefes de la agrupación guerrillera, Fernando Yáñez, donde valora el que “usted trabaja, junto con otros hombres y mujeres honestos, en el cuidado de la memoria de lucha de nuestro pueblo”.

Agregó el jefe insurgente que “en esta casa museo, se encuentran testimonios de una parte fundamental de nuestra historia como zapatistas, historia de la que estamos orgullosos y, en la medida de nuestras posibilidades, tratamos de honrar”.

Recorriendo el modesto museo, en un barrio popular, al cuidado de sencillas personas, se encuentra mucho del inicio de las FLN, implementos técnicos, de propaganda, documentos, aparatos de comunicaciones. Entonces, en un rincón, se aparece algo que vincula a la organización desde la cual se engendró el EZLN, con los chilenos. Dentro de una vitrina, muy cuidada, hay un dibujo a lápiz de Diego Rivera, el gran muralista mexicano, dedicado y regalado por él al poeta Pablo Neruda.

En la vitrina se lee que ese dibujo original, fue regalado a las FLN por “una organización revolucionaria chilena”, durante la época de la dictadura, con el objetivo que los insurgentes mexicanos lo vendieran y así recolectaran fondos para su agrupación. No se precisa qué partido o grupo chileno fue el que realizó la donación. Eso se mantiene en secreto hasta hoy.

Los integrantes de las FLN, dado el carácter “del regalo”, se negaron a venderlo y lo atesoraron y cuidaron varios años. Decidieron guardia el dibujo de Diego a Pablo y hoy lo exhiben como muestra de hermandad entre los pueblos chileno y mexicano.

 

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