“Lo de la gratuidad universal para 2050 es un chiste”

Natalia Silva, vocera de la Confech, abordó los “cinco ejes prioritarios” para la reforma educacional. Entre otros aspectos del mundo estudiantil.

Víctor Vargas. Periodista. La sala 104 de su edificio en la calle Manuel Rodríguez de Santiago, es la asignada por la Universidad a la Federación de Estudiantes de la Diego Portales (Fedep). La sede está adornada por dos banderas, la de las Juventudes Comunistas (JJCC), y la del Partido Progresista (PRO), colectividades que en alianza llegaron la conducción de la instancia tras dos años de dirección del Frente Amplio. Natalia Silva, actual presidenta, tiene 22 años y cursa el cuarto año de la carrera de Ciencias Políticas. Milita en la “Jota” hace cuatro años y hoy es también vocera de la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech), donde representa a las universidades privadas.

La dirigente conversó con El Siglo para comentar el momento por el que pasa el movimiento estudiantil, con el desafío de retomar la visibilidad en la discusión de la reforma a la educación superior que se realiza en el Congreso, con distintas posturas al interior del movimiento; con una necesidad de autocrítica planteada entre los propios estudiantes y sobre Sebastián Piñera y la derecha, y lo que representan. También esta joven dirigenta habló del sentido de su militancia: “Ser buen compañero, buen hijo, buen amigo, eso es ser comunista”, dijo.

¿Cómo fue que se unió la JJCC con el PRO?

Históricamente la disputa de la Federación ha estado entre la “Jota” y la derecha o la Democracia Cristiana. El 2014 llega el Frente Amplio, que estuvo dos años, y en los que tuvimos un proceso fuerte de movilización y tomas. Lamentablemente no conseguimos nada concreto para los estudiantes y el año pasado quisimos disputar la Federación en una plataforma que se llama “Siembra” con la juventud del PRO, sobre la base que a pesar de las diferencias ideológicas o tácticas que podemos tener, ambos apuntamos a la disputa de la reforma a la educación superior y ahí había claridad en las dos fuerzas políticas. Ganamos con un 65 por ciento de las preferencias en una votación incluso histórica en una universidad donde no suele votar mucha gente. Fueron 2 mil estudiantes, poco en la cifra, pero que nunca se había dado.

¿Cuál ha sido el principal foco de su gestión?

Lo que estamos haciendo es, por una parte, rearticular la participación de los estudiantes después del desgaste de las movilizaciones que mencioné, y por otra, ser un actor incidente desde las universidades privadas en las reformas a la educación superior.

¿Cómo se ve este 2017 desde el movimiento estudiantil?

Al movimiento le falta hacer un poco de autocrítica. El año pasado estuvimos discutiendo aproximadamente tres meses si la táctica del movimiento era incidir en la reforma con nuestros elementos programáticos, o simplemente rechazarla. Eso generó un desgaste bastante grande en la conducción del movimiento y ahora el desafío es mucho mayor, porque pese a que tenemos elementos programáticos, lamentablemente no hemos podido introducirlos en la reforma.

¿Se siente la disputa ideológica  en la interna del movimiento?

Ahora hay más claridad en las fuerzas políticas que componen la Confech, de que es necesaria la unidad para avanzar en las demandas y las transformaciones que pedimos hace tanto tiempo. Además, vemos una disminución de las fuerzas de ultraizquierda que levantaron la tesis de la no incidencia en la reforma. Esto demuestra que nosotros hemos sido claros en que se debe transformar la educación a través de esta reforma, pero que sea en base a los criterios del movimiento estudiantil.

¿Existe conciencia de que si llega Sebastián Piñera al poder se acaba la discusión?

Eso le preocupa mucho a las distintas federaciones. Hay una reforma en curso que al menos queremos disputar. Tenemos indicaciones para el proyecto de ley con cinco ejes programáticos y prioritarios que hemos planteado: fortalecimiento a la educación pública, marco regulatorio para que las instituciones de educación avancen al rol público, fin a los créditos para avanzar a la gratuidad universal y terminar con el endeudamiento, el fin a lucro con penalización de cárcel efectiva, y que el Estado se responsabilice de las instituciones que hoy caen en crisis.

El candidato de la derecha impulsa una postura en sentido totalmente contrario.

Él ha dicho que no quiere seguir avanzando en gratuidad universal y quiere implementar un sistema de financiamiento con becas y créditos, lo que genera mayor endeudamiento. Por eso es fundamental que desde el movimiento social reconozcamos al enemigo común, la derecha y los sectores conservadores que no quieren trasformaciones en nuestro país.

De tordas formas, sobre la condonación de la deuda de estudiantes por Crédito con Aval del Estado (CAE), este gobierno le dijo claramente que no.

Estamos de acuerdo con esa demanda pero creemos que es fundamental avanzar en ejes programáticos más estructurales, por lo que la única forma de lograrlo es avanzando en la gratuidad universal, por lo que necesitamos plazos no imposibles. Lo que dice el Ministerio de Hacienda, que la gratuidad universal se podría alcanzar el 2050 es un chiste. Es fundamental que esa sea la demanda del movimiento.

¿Cómo sienten ustedes al estudiante común frente a estas demandas?

Desde 2006 en adelante hemos tenido un proceso de acumulación de fuerza y de crecimiento cualitativo en las federaciones de estudiantes, y hemos visto que las movilizaciones han sido masivas. Esto es un espaldarazo en la calle, que es lo que nos sustenta como movimiento social.

¿Qué visión hay en la Confech del gobierno?

Que no tuvo una claridad en torno a las prioridades dentro del programa que levantó Michelle Bachelet. Llegamos al último año de gobierno y recién entra una de las reformas más importantes para la ciudadanía, la de educación, y sin acuerdo incluso al interior de la Nueva Mayoría. Además, hemos visto poca voluntad por parte de la ministra de Educación (Adriana Delpiano) de integrar nuestras indicaciones. Siendo autocríticos, esto responde también al berrinche que tuvo el movimiento estudiantil, de levantar mesas de trabajo con el ministerio, después bajarse de esas mesas. Por eso queremos darle claridad al movimiento en el sentido de que exigimos que se discutan democráticamente todas las indicaciones de todos los sectores que quieran transformar la educación en Chile.

¿Y en el Parlamento, cómo ven el escenario?

Nos reunimos con la Bancada Estudiantil, como los denominaron los medios de comunicación: Camila Vallejo, Giorgio Jackson, Gabriel Boric y Karol Cariola, y serán patrocinadores y defensores de las indicaciones del movimiento.

¿Se reunirán con candidatos presidenciales?

Tenemos la proyección de emplazar a todos los actores políticos para saber su posición ante la reforma a la educación. Enviamos a todos los partidos una carta con nuestras indicaciones y para preguntarles si su compromiso está con la ciudadanía o con los sectores conservadores, que no quieren cambiar nada. Es importante que se manifiesten ante estas indicaciones.

Como se enfrentan los argumentos de la oposición que dice que no se debe pagar la educación a los ricos y que no se debe privilegiar a las entidades estatales.

Entendemos que existe un sistema mixto en el que conviven instituciones estatales y privadas, pero esto se basa en una desregulación completa en la que el Estado no exige criterios mínimos a estas instituciones, como ocurre en casos como el de la Universidad Iberoamericana, la Universidad Arcis, la Universidad del Mar. Se permitió la mercantilización de este sistema educativo.

¿Puede ser que los estudiantes llamen a votar por un candidato presidencial?

No llamaríamos a votar por nadie, pero se sabe cuáles son los sectores con los que es posible avanzar, y en esto claramente la derecha no es nuestro aliado, es nuestro enemigo, porque no quieren cambios. Es importante tener un camino de unidad entre los que sí los quieren.

Respuestas en breve…

¿Cómo son vistos al representar una Universidad privada en el movimiento?

Desde el 2011 en adelante comienzan a ingresar las privadas a la Confech, y en 2014 se pudo tener una vocería en el zonal metropolitano. El movimiento evoluciona e integra más universidades privadas. Es fundamental que desde el mundo privado podamos levantar críticas a la reforma, porque también se define que si como privadas nos vamos a acercar más al Estado o si, finalmente, nos vamos alejando y terminaremos desregulados. Yo tengo la suerte de que me pueden costear la universidad…en la Universidad hay 5 mil estudiantes que estudian con gratuidad pero y casi un 50 por ciento está con créditos.

¿Por qué las JJCC?

Siempre he sido una mujer de izquierda y al entrar a la Universidad comencé a distinguir ciertas fuerzas políticas que planteaban transformaciones serias para el país en materia de educación. Así encontré a la “Jota” en una reunión a la que asistí con amigos, y sentí que era allí donde se podían impulsar cambios.

¿Buena experiencia?

Es una gran escuela para todos los jóvenes que viven las desigualdades. Una escuela no solo de concientización sino también de trabajo con el territorio, con las universidades o sindicatos, y te abre con otros sectores. Además, me ha tocado asumir ciertas responsabilidades y eso es un crecimiento individual y colectivo. En la Portales tenemos más de 25 militantes y somos la fuerza política más grande y más seria de esta Universidad.

Hay costos con la militancia.

Uno establece prioridades y tampoco dejar de ser una misma. No solo somos entes transformadores, también tenemos familia, amigos, y es fundamental que en todos esos ámbitos seamos comunistas y reflejemos lo que eso significa: ser buen compañero, buen hijo, buen amigo, porque eso es ser comunista, no solamente ir a reuniones, sino levantarse diciendo “hoy voy a generar una transformación”, aunque sea lo más mínimo.

Se habla de un golpeteo anticomunista…

En este país el anticomunismo es súper grande, implementado en la dictadura, y todavía lo promueve con fuerza la derecha. El anti marxismo y el anticomunismo es algo que se refleja no solo en los sectores más conservadores o la derecha, sino también en grupos de izquierda. Sectores de izquierda que se dicen ser transformadores, y que se quieren ubicar más a la izquierda, te dicen “amarillo”, y finalmente lo que respondo es que somos revolucionarios no solo porque tengamos un discurso, sino que lo materializamos en nuestros diferentes espacios. Eso no solo pasa con las universidades, también vemos en lo que pasa con Daniel Jadue, en la Comuna de Recoleta, donde se han alcanzado transformaciones muy concretas como el derecho a la salud con el mecanismo de las Farmacias Populares. Somos revolucionarios porque estamos en las vías de beneficiar y garantizar los derechos de la clase trabajadora.

¿Y el ser dirigenta mujer?

Es difícil ser mujer en el espacio de la política porque es un espacio muy masculino, es mayoritaria la presencia de hombres, y ahí uno tiene que ponerse firme, alzar la voz. Esto pasa también en el mundo estudiantil y universitario.

 

 

 

 

Deja un comentario