Rodolfo Walsh: un imprescindible a 40 años de su asesinato

Es recordado en varios países de América por su fina pluma, su rigurosidad periodística y su fortaleza intelectual.

Agencia de Noticias. “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar” se tituló el último texto que escribiera el periodista argentino Rodolfo Walsh antes de ser asesinado por militares cumpliendo órdenes de los jefes de la dictadura, el 25 de marzo de 1977, a un año de iniciada la tiranía en Argentina. En aquella carta, Walsh denunciaba sin tapujos las atrocidades de lo que los golpistas llamaron “Proceso de reorganización nacional”, y cuando enviaba copias a corresponsales extranjeros y direcciones al azar, fue interceptado por agentes al mando del oficial Alfredo Astiz, el “Ángel rubio”. Aunque el escritor intentó resistir con una pistola calibre 22, no tuvo ninguna oportunidad ante las ametralladoras automáticas del batallón de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Los represores, después de acribillarlo se llevaron su cuerpo agonizante para no entregarlo nunca más.

A 40 años de su asesinato, Rodolfo Walsh, quien fuera además un activo militante de la organización guerrillera Montoneros, es recordado en varios países de América por su fina pluma, su rigurosidad periodística y su fortaleza intelectual y política que se hacen evidentes al recorrer su historia y que contrasta, según cuentan cronistas y amigos, con la timidez y reserva que cruzaba su personalidad.

Este reportero valiente y comprometido alcanzó gran reconocimiento con la publicación de “Operación Masacre”, en 1958, obra en la que la literatura y el periodismo se fundieron para la que es considerada la primera novela de “no ficción” de la historia, anticipándose por varios años a Truman Capote y su “A sangre fría”, de 1966. Este relato del fusilamiento secreto de militantes peronistas por parte de la dictadura de Pedro Aramburu (1955-1958) abrió la senda que siguieron otros dos títulos fundamentales, “¿Quién mató a Rosendo?” (1969), que relata el asesinato de un dirigente de la Unión Obrera Metalúrgica, y “El Caso Satanowsky” (1973), sobre el crimen del abogado Marcos Satanowsky, profesional vinculado con la colectividad judía argentina, que en cuya deficiente investigación se delataban evidentes encubrimientos vinculados a la propiedad de las acciones del diario La Razón.

El precursor del nuevo periodismo también fue fundador, junto a Gabriel García Márquez y Rogelio García Lupo, de la agencia de noticias cubana Prensa Latina. Corría 1959 y un par de años más tarde entregó a la naciente Revolución Cubana toda su pericia descifrando los códigos secretos de la CIA estadounidense, información que fue fundamental para detener la invasión de los Estados Unidos a Cuba repelida en Bahía de Cochinos.

Su compromiso político lo lleva a integrarse, en 1973, a Montoneros, grupo de la izquierda peronista que buscaba el regreso de Juan Domingo Perón a la Argentina, y organizaba acciones sindicales y políticas que perseguían la instauración del socialismo, actividades en las que Walsh participaba activamente: “No basta con relatar los hechos de hoy. Es necesario producirlos”, escribió en uno de sus manifiestos.

Así, entre la militancia periodística literaria y la lucha política, transcurrieron los últimos años de Walsh. Ya en la clandestinidad tras el advenimiento de la Junta Militar, debió enfrentar la muerte de su hija Vicky, también militante montonera, que cayó luego de resistir durante horas el asedio militar, y se suicidó frente a sus ejecutores: “Ustedes no nos matan, nosotros elegimos morir”, dijo la guerrillera, palabras que reprodujo más tarde su padre en una emotiva carta.

La denuncia que nadie publicó

Cuando pasó un año desde la toma del poder de los militares, la información que Walsh había recopilado fue tomando forma en la “carta abierta…”, que muchos consideran una pieza de gran factura literaria por su mixtura perfecta entre información y estilo, pero que a pesar de ser recibida por los medios más importantes de la Argentina, no fue publicada por ninguno.

“El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades”, dispara en el segundo párrafo, solo el comienzo de una cuenta de la escalofriante realidad que golpeaba al pueblo argentino.

La carta continuaba con las cifras de la muerte enumerando los “quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, y decenas de miles de desterrados”, pero también relataba la pobreza, la baja de la actividad económica y la desigualdad creciente de la nación: “Ciudades a media luz, barrios enteros sin agua y millares de cuadras convertidas en un solo bache porque ustedes sólo pavimentan los barrios militares y adornan la Plaza de Mayo”.

Denunciaba también Walsh una realidad que la clase trabajadora debió vivir en toda Sudamérica, golpeada en su dignidad y en sus derechos con el fin de dejar el paso libre a las medidas neoliberales. “Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas… y cuando los trabajadores han querido protestar los han calificado de subversivos, secuestrando cuerpos enteros de delegados que en algunos casos aparecieron muertos, y en otros no aparecieron”, acusaba el periodista.

El escritor involucra también a la Junta Militar que encabezaba el general Jorge Rafael Videla, en operaciones continentales como el asesinato del ex general chileno Carlos Prats, ocurrido dos años antes de la llegada de los militares al poder: “La misma continuidad histórica liga el asesinato del general Carlos Prats, durante el anterior gobierno, con el secuestro y muerte de decenas de asilados en quienes se ha querido asesinar la posibilidad de procesos democráticos en Chile, Bolivia y Uruguay”.

Solo en 1978 un diario venezolano fue el primero en publicarla gracias a que, como relata la viuda de Walsh, Lilia Pereyra, “se envió a distintas direcciones extraídas al azar de la guía telefónica”. García Márquez la calificó como “una obra maestra” y eso logró su difusión masiva y consagración total como el texto que destapó los sucesos que azotaban a la argentina militarizada.  40 años más tarde, la carta y el recuerdo de su autor siguen siendo testimonio de un periodo oscuro del que dio cuenta el periodista y escritor.

 

 

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