Guerrilla

Combatientes internacionalistas chilenos en Colombia, El Salvador y Nicaragua. Un libro de entrevistas e investigación de la periodista Javiera Olivares.

Fernando Martínez Heredia. Filósofo. Premio Nacional de Ciencias Sociales de Cuba. Este es un extracto de la presentación del libro “Guerrilla. Combatientes chilenos en Colombia, El Salvador y Nicaragua:

Siento que la gran mayoría de mis paisanos me acompaña cuando le agradezco muy cálidamente a Javiera Olivares Mardones haber escrito este libro. Con él nos trae en su dimensión principal, la dimensión personal, una de las cumbres de la condición humana: el internacionalismo.

La obra está estructurada como una narración en tres capítulos, y sus ejes están dados por la vida y la actividad revolucionaria de tres combatientes internacionalistas chilenos que cayeron en cada uno de los tres países escogidos, Colombia, El Salvador y Nicaragua.

El marco más general de los conflictos armados después de 1945 está condicionado, a mi juicio, por la transnacionalización económica y la centralización del poder en todos los terrenos principales -ambos procesos a escala creciente- en el campo del capitalismo que llamamos desarrollado, y por el dominio de la tendencia a coordinarse o rivalizar entre ellos, pero sin recurrir nunca a la guerra. Esa violencia ha quedado para ser ejercida en su llamada “periferia”, en la que muchos millones de personas han perecido y se ha producido una enormidad de sufrimientos humanos y devastaciones, por las agresiones imperialistas y por las represiones de las clases dominantes. Las resistencias y las demandas conscientes de los oprimidos los han llevado muchas veces a motines y alzamientos, que cuando se han logrado organizar y sostenerse como insurrecciones han creado mediante la violencia revolucionaria alternativas de triunfo y de cambios sociales liberadores.

La autora expone que partió de la petición de familiares y amigos de chilenos que pelearon como internacionalistas, de registrar parte de sus historias. La motivaba narrar aquellas experiencias, al mismo tiempo que romper el silencio que predomina en su país en cuanto a ellas, que forma parte de la pretensión de que el pueblo olvide a sus métodos radicales de lucha y a sus héroes.

Aparece entonces también, dice, el olvido ligado a la pretensión de que solo exista la democracia capitalista en el mundo, que rijan la apatía política y el diseño electoral, reduciendo en la práctica el pluralismo a disputas entre élites. Frente a ese cierre histórico le pareció procedente contribuir a la recuperación de la discusión acerca del uso de la violencia.

Le demonización de la violencia

Un triunfo descomunal del capitalismo actual ha sido convertir la demonización de la violencia en uno de los dogmas políticos más aceptados y sentidos por una masa enorme de oprimidos del mundo que están activos en cuestiones sociales y políticas, y por millones de personas que creen con ingenuidad que eso los hace ser “mejores”. Se convierten así en agentes de su propio desarme, que se ofrecen inermes e inculcan inacción en todo su entorno. Utilizada también para calificar una parte de los peores actos de unos seres humanos contra otros, esa palabra cargada de condenación abstracta parece pertenecer a la moral y la defensa de los mejores valores.

Mientras, no existe freno alguno para la violencia masiva imperialista, que siega vidas por cientos de miles, ni para el asesinato selectivo que se exhibe con jactancia, ni para las incontables formas de violencia que se practican cotidianamente contra las mayorías a lo largo y ancho del mundo. A los pobres solo les queda ejercitar la violencia como delincuencia común y ser sus víctimas, un cáncer inmenso que opone a los de abajo contra sí mismos y los deshumaniza, a la vez que alimenta grandes negocios capitalistas.

La violencia es un fenómeno social inevitable. El capitalismo colonizó a la mayoría del planeta mediante la más horrorosa violencia y el mercado mundial. Las clases dominantes la utilizan siempre que lo consideran necesario, sin remilgos ni limitaciones. También ejercen la violencia para atemorizar y para prevenir desobediencias o rebeldías. La amenaza de ejercerla es también una forma de violencia de los opresores contra los oprimidos.

La violencia ha sido y sigue siendo una necesidad ineludible en el curso de los procesos de cambios sociales profundos liberadores, y de conquista o defensa de la soberanía nacional y popular. Ha sido utilizada por las revoluciones que han pretendido realmente liberar y cambiar las relaciones y las instituciones sociales de explotación y dominio. La violencia revolucionaria constituye una parte sumamente valiosa de la memoria histórica de los pueblos.

Violencia en ideología revolucionaria

Javiera Olivares ha identificado el sentido de la insurrección de guerrillas latinoamericanas de la segunda mitad del siglo XX: la violencia enmarcada en una ideología revolucionaria socialista, que propugna la articulación política de los temas nacionalistas con la lucha contra regímenes opresivos, para convertirse en proyectos de liberación nacional y popular. Ella persigue la entidad moral de aquellos jóvenes, sus constantes. Ha conocido de los chilenos que pelearon en el Frente Sur nicaragüense en la víspera de la victoria sandinista que conmovió al continente, y sentido en Centroamérica como se vive el recuerdo de las gestas de los pueblos que lucharon y de los héroes internacionalistas que los acompañaron. Javiera ha querido entonces conocer y mostrar a estos jóvenes chilenos que se fueron a pelear cuando parecía que todo, hasta la historia, había terminado. Ellos demostraron unas convicciones, una entereza y una abnegación a contrapelo de la lógica y del posibilismo, que además de hacerlos gloriosos nos sigue enseñando que la revolución solo puede ser y vencer a base de convertir lo imposible en realidades.

La joven investigadora asume la estatura verdadera del pensamiento social cuando expresa claramente su posición y sus propósitos. “La idea de redactar este libro -dice- tomó un cierto cariz de justicia”. No solo profunda convicción y dolor, también trascendencia, al rescatar una parte de la historia.

Pone a hablar entonces, saca del silencio a aquellos jóvenes combatientes, porque ahora la palabra es el arma. Se establece la memoria dialógica, y el homenaje crece cuando se vuelve llamamiento a la movilización social.

Los internacionalistas que pueblan este libro son jóvenes que ansían pelear por la liberación de su patria, y que responden afirmativamente a la proposición de venir a prepararse militarmente en la Cuba revolucionaria. Aquí cursan estudios, se capacitan, se especializan, comparten la fraternidad de su causa y de su edad, y conocen la experiencia socialista y la gente del país hermano. En la coyuntura que ha expuesto Javiera en la Introducción, expresan su disposición a combatir como internacionalistas junto a otros revolucionarios latinoamericanos, y parten a cumplir misiones en los tres países citados.

La red de la obra es tejida con los hechos y las vinculaciones de otros guerrilleros chilenos que compartieron con los seleccionados. De un modo u otro todos son protagonistas, porque entre todos forman una falange heroica que no se detendrá ante los peligros y los sacrificios, aunque en el magnífico Anexo fotográfico nos sonríen como quien está de fiesta, con la magia de su juventud, y llegan a burlarse unos de otros.

Chile surgió a la vida como nación libre con la ayuda de los internacionalistas que cruzaron los Andes, y juntos pelearon de Chacabuco a Maipú. Javiera nos cuenta como, más de siglo y medio después, algunos de los mejores hijos de Chile fueron a pelear por la segunda independencia en otros tres países de nuestra América. Un largo camino ha tenido que ser recorrido desde que José Martí nos lo advirtió a todos: “es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado. Como los que van ha pelear juntos”.

Los cubanos también tenemos mucho que agradecer a un gran número de combatientes internacionalistas que participaron en nuestras revoluciones, como aquel joven oficial militar chileno, Pedro Vargas Sotomayor, que vino a Cuba en 1895, se unió al Ejército Libertador, fue miembro del Estado Mayor de la Columna Invasora como Jefe de Instrucción, bajo el mando de Antonio Maceo peleó heroicamente, alcanzó el grado de General de Brigada y murió en Pinar del Río en noviembre de 1896.

El vigor y la belleza de esta narración será fascinante para los jóvenes que la lean, tanto chilenos como de otros países. Tengo mucha confianza en que así será para los jóvenes cubanos.

Los jóvenes lectoras y lectores cubanos de este libro se sentirán orgullosos de ver como su patria liberada ha sabido desde el primer día cumplir lo que Martí llamó el deber de Cuba en América. Y sentirán sin dudas el deseo de saber más, de conocer la historia de aquellas escuelas, con sus profesores exigentes y fraternales que alimentaban la ambición de ir un día a pelear junto a los que habían sido sus alumnos. El deseo de conocer las vidas y la historia de tantos internacionalistas cubanos, que lo dieron todo en silencio, que dijeron siempre “sí”, y arrostraron las consecuencias, y solo aspiraron a que si al caer tenían un entierro en su tierra natal, la banda militar les tocara en un momento dado el himno “Guerrillero”.

Jamás olvidaremos los cubanos el internacionalismo, y jamás nos alejaremos de él, porque forma de la vida nueva que entre todos hemos creado, y del ejemplo que constituye este país para los pueblos hermanos.

Presentaciones en Cuba y en Chile

El libro de Javiera Olivares, periodista de trayectoria en varios medios nacionales y extranjeros, fue presentado el 10 de febrero en la sede de la Organización de Solidaridad con los Pueblos de África, Asia y América Latina (Ospaaal), en el marco de la XXVI Feria del Libro de La Habana. En las próximas semanas será presentado en Chile.

El volumen es una producción de Ceibo Ediciones, Colección Crónicas y Memoria, y constituye el testimonio de jóvenes chilenos internacionalistas que combatieron en Colombia, El Salvador y Nicaragua, como parte de un contingente de decenas de compatriotas que lucharon en otros países.

 

One thought on “Guerrilla

  1. Honor y gloria a nuestros hermanos chilenos caídos por un mundo mejor para todos los latinoamericanos, ejemplos de dignidad.
    A los que sobrevivieron, esos heroes anonimos de la vida, un abrazo con todo el amor que da la esperanza de un mundo mejor para todos desde la patria de Sandino y Carlos Fonseca Amador.

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