Una mirada en torno de la catástrofe

No es posible que hayas sectores que, queriendo gobernar Chile, busquen ventaja corta sembrando la sensación de caos y descontrol.

Gloria de la Fuente González. Directora Ejecutiva Fundación Chile 21. Hechos inesperados cambian muchas veces el curso de las cosas, así ha sido a lo largo de la historia y pareciera que lo que hemos visto en las últimas semanas a partir del peor incendio de que se tenga registro en nuestro país, no es la excepción.

En un desastre natural de esta envergadura, se pone a prueba el temple de la población para enfrentar este tipo de situaciones, al Estado y su capacidad de respuesta y al mundo político, que en circunstancias como esta, devela su vocación por el respeto a las instituciones y la razón de Estado.

Respecto a la población, qué duda cabe que, acostumbrados a desastres naturales de distinto tipo, hay una lección aprendida y el comportamiento es ejemplar. Además, queda demostrado que este es un país de hombres y mujeres valientes y solidarios, que se movilizan en circunstancias extremas para ir en ayuda de otros. Las múltiples campañas de ayuda y la enorme adhesión que han tenido nos hacen mirar con esperanza el futuro, porque parece que el sentido de comunidad no está del todo extinto.

Respecto al Estado y su capacidad de respuesta, ya habrá tiempo para balances más integrales, lo claro es por ahora que nuestro país tiene aún dificultades serias para hacer frente a catástrofes de distinta naturaleza y ello requerirá no sólo recursos, sino que también reformas institucionales relevantes.

Por último, respecto al mundo político, la catástrofe ocurrida en estos días muestra cuán desconectado están muchos de los actores políticos con la realidad. El oportunismo y la ventaja corta que se superpone a la razón de Estado, es muestra de una falta de empatía inaceptable. No es posible que hayas sectores que, queriendo gobernar Chile, busquen ventaja corta sembrando la sensación de caos y descontrol. Así no se puede aspirar a gobernar Chile porque sus habitantes simplemente no lo merecen.

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