Cuando Violeta Parra y Pablo Neruda se cantaban

Ángel recuerda: “ya con su nombre ganado a punta de ñeque, realiza su primer recital ante un grupo de invitados que celebraba el cumpleaños del vate.

Pablo Orellana. Director Fundación Delia del Carril. Corría el año 1948 y el periodista y político falangista Ricardo Boizard, publicó su libro “Patios Interiores”, que contiene un capítulo titulado “La casa de Neruda”, haciendo referencia a la casa Michoacán de los Guindos. Allí Boizard dice: “Esa casa no ha sido hecha para tener comedor y dormitorios. Las piezas íntimas en ella pasan a segundo plano. Sus murallas se alzaron para cobijar libros y colecciones, para recibir amigos que allí gozan de la más ancha hospitalidad, para celebrar reuniones bohemias, para hospedar vagabundos y artistas (…) Una característica de la casa de Neruda es que a cada momento y donde menos se piensa aparece un cuarto de alojados. Junto a la taberna hay uno también. Alguien ha dejado allí sus prendas de vestir y hasta un jabón, en el velador. Puede ser Guillén, puede ser Bola de Nieve, quizás Carranza. En ese cuarto ha estado en pijama toda América”.

Dictamen exagerado que contiene verdad, ciertamente. Por la casa de calle Lynch 164, transitaron cientos de mujeres y hombres, flor y nata de nuestra cultura, de América y de otras latitudes. Violeta del Carmen Parra Sandoval estuvo allí.

“Se lo pasaba metida en Michoacán”, recuerda Isabel Parra. Y es que en algún momento la amistad se hizo entre Neruda, Delia del Carril y Violeta Parra.

El pequeño anfiteatro en el fondo del jardín, fue escenario para Violeta. En múltiples ocasiones frecuentaba la casa acompañada de Enrique Lihn, con quien, luego de juntarse en Plaza Egaña, se instalaban en el anfiteatro a preparar los libretos de su programa radial “Canta Violeta Parra”, transmitido por Radio Chilena, y asistido por el joven locutor Ricardo García.

File_200811592013En 1954 se celebran los cincuenta años de Neruda. Violeta Parra ofrece un recital en la casa Michoacán. Ángel Parra recuerda ese momento: “ya con su nombre ganado a punta de ñeque, realiza su primer recital ante un grupo de invitados que celebraba el cumpleaños del vate. Debe haber sido un gran momento para ella, yo guardo una memoria luminosa de esa noche (…) Lo veo como el comienzo del despegue de mi madre hasta las galaxias lejanas en donde se encuentra hoy”.

Para la ocasión, Neruda le dedicará la siguiente cuarteta:

 

“Estás Violeta Parrón

violeteando la guitarra

guitarreando el guitarrón

entró la Violeta Parra”.

El 18 de julio de ese mismo año, se dan por terminadas las celebraciones en un acto en el Teatro Caupolicán. En la oportunidad Violeta Parra se presentó en compañía de Margot Loyola, festejando juntas al poeta.

En 1960, Violeta Parra musicaliza el poema “El pueblo”, escrito en 1946 e incluido posteriormente en el “Canto General”, que luego graba en disco. Pondrá música y grabará, en 1966, la “Cueca de los poetas”, con letra de Nicanor. En una tesitura que se abraza al humor del texto, acaso un antipoema, dice:

“Dice la gente, sí,

No cabe duda

Que el más gallo se llama

Pablo Neruda.

Huifa, ay, ay, ay”.

Pero remata:

“Corre que ya te agarra

Nicanor Parra”.

 

La muerte por suicidio de Violeta Parra en 1967 azotó a Neruda. Su fantasma lo persiguió, como suele ocurrir cuando los seres son para sí sus propios verdugos, cuando la guadaña o el gatillo son sostenidos y aplicados por la propia mano de la víctima. ¿Por qué dar “Gracias a la vida” para luego despreciarla de golpe, en un instante, y para siempre?

Será recién el 19 de enero de 1970, mientras viajaba en automóvil entre Isla Negra y Casablanca, que Neruda se despide de Violeta escribiendo “Elegía para cantar”. La voz del poeta no llora, no quiere más sufrimiento para la que se fue a los cielos: “¡Ay, qué manera de caer hacia arriba y de ser sempiterna, esta mujer!”. La declara “¡Santa de greda pura!”, porque la sabía gran hija de Chile que, de tan chilena, estaba hecha de su barro:

 

“Cuando naciste fuiste bautizada

como Violeta Parra:

el sacerdote levantó las uvas

sobre tu vida y dijo:

‘Parra eres

y en vino triste te convertirás’.

En vino alegre, en pícara alegría,

en barro popular, en canto llano,

Santa Violeta, tú te convertiste,

en guitarra con hojas que relucen

al brillo de la luna,

en ciruela salvaje

transformada,

en pueblo verdadero,

en paloma del campo, en alcancía.”

 

Más tarde, cuando la dictadura quiso amordazarles censurando sus canciones y poemas, sus voces se inflamaban y ardían en medio de la resistencia. Porque, aunque muertos, se negaron para siempre a callar.

Y es que Violeta Parra y Pablo Neruda se cantan. El poeta lo decretó en su Elegía dedicada a la cantora:

 

“Bueno, Violeta Parra, me despido,

me voy a mis deberes.

¿Y qué hora es? La hora de cantar.

Cantas.

          Canto.

                     Cantemos.”

One thought on “Cuando Violeta Parra y Pablo Neruda se cantaban

  1. SALUDAR ESTOS 100 DE LA VIOLETA PARRA TODO LO QUE SE HAGA ES POCO PARA LO QUE HA DADO A CHILE CANTOS,CERAMICA,Y OTRAS ARTES DEMOSTRA EN EUROPA Y EL MUNDO. DECIR EN EL EXTRANGERO NERUDA,ALLENDE O VIOLETA ES SINONIMO DE CHILE. GLORIA AQUIEN DIO GLORIA A SU PUEBLO.

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